Enviado: 2009-10-26 20:11
Nuestro olivo
Al olivo le gusta nuestro jardín.
Este olivo tiene una pequeña historia que os explicaré a continuación.
Resulta que hace ya muchos años, Marcos, un hemano de Abundia, (la madre de mi mujer) vino de Extremadura con una rama de olivo como regalo. La rama hizo el viaje como pudo, empaquetada, envuelta en diarios y colocada en el portaequipajes del tren en el que viajaba Marcos a Barcelona.
En esa época, llegar de Extremadura a Barcelona era más que una odisea, casi 24 horas de trajecto en un trazado que nada tiene que ver con el del AVE actual. Marcos llegó tras el largo viaje, le regaló esa pequeña rama a su hermana y fué injertada a un olivo que habia nacido de hueso de aceituna.
Fueron pasando los años y el olivo se hizo grande, pero no daba olivas, año tras año se esperaba con anhelo la cosecha que no llegaba. Como tenian otro olivo que cada año tenia frutos, Abundia se empezó a desesperar, incluso pensó en arrancar el olivo, pero el recuerdo del presente de su hermano le impedia hacerlo.
Cuando mi mujer Silvia y yo nos cambiamos de casa y fuimos a vivir a nuestra actual vivienda, con un pequeño jardín, se nos ocurrió que seria bueno plantar un olivo. Que dijimos, Abundia sin pensarselo dos veces nos regaló aquel olivo que nunca habia dado frutos.
A nosotros nos daba igual, queriamos un arbol que fuera elegante, que viviera mucho tiempo y que llegara a envejecer con nosotros, por lo que le aceptamos el regalo encantados.
Fué ponerlo en el jardín y cambiar radicalmente el aspecto del olivo, en un año empezó a florecer y a dar olivas y desde entonces no ha parado. Parece que le gusta nuestra compañia, de hecho, es uno más de la familia, el que nos cuida y vigila el jardín y nos obsequia además con aceitunas.
Moraleja: No puedes obsesionarte y pretender que las cosas vayan más deprisa de lo que deben, en la vida hay cosas que sólo se consiguen con el paso del tiempo, con constancia, cariño y amor.
Silvia y Tania al pie del olivo





